“Éramos jugadores no políticos” repite una y otra vez el ex-pivot yugoslavo de los Lakers, Vlade Divac, cuando le preguntan por su pasado. Toda una estrella del baloncesto que junto con Drazen Petrovic demostró que los jugadores europeos podían cruzar el charco y ser también estrella de la NBA. Pero de aquella selección yugoslava campeona de campeones nos queda el recuerdo de un grupo de deportistas roto, de rencores, de relaciones frías, pero lo más triste de todo es que el motivo de las rupturas poco tiene que ver con la canasta. Muchas veces las guerras son consecuencia de sentimientos descontrolados y en aquella Yugoslavia comenzaban a alzarse voces de desmembración desde los rincones de la hoy Croacia. Tras ganar el Mundial de Argentina frente a la antigua URSS, la selección Yugoslava era el ejemplo de un grupo de chavales que entraban sin llamar en las puertas del baloncesto. Jóvenes, con ilusión y con el espíritu del compañerismo como valores. ¿Algo podía echarlo todo a perder?
Todo ocurrió muy deprisa, tras terminar la final del Mundial un aficionado se acercó al equipo mientras festejaban la victoria portando una bandera croata, y pese a que la organización ya avisó a los jugadores que no hicieran caso a las banderas “secesionistas”, Divac no se contuvo y secuestró la bandera del aficionado con rabia. Petrovic, sensibilizado con estos movimientos de secesión, nunca lo perdonó. Y digo nunca porque desgraciadamente en 1993 un accidente de tráfico puso fin a su vida dejando al baloncesto sin su estrella y a Divac con la losa del ‘sin perdón’ a la espalda. Los propios jugadores de aquella selección yugoslava recuerdan que el famoso desplante de Divac con la bandera Croata, quiénes lo potenciaron fueron los medios de comunicación de un lado y de otro, y que fueron también ellos los que removieron el barro con presiones ¿Les suena de algo?
Las comparaciones son odiosas y más aún cuando son históricas. Pero como siempre he pensado que aquellos que no estudian su historia están condenados a repetirla, observo que en nuestro deporte cada vez más la política desune más que une. Aunque los sentimientos de nuestra España actual no son –afortunadamente- los de la Yugoslavia de la guerra civil, -como dije las comparaciones son odiosas- sin embargo, aquí sí se habla de identidades, de independencia y de selecciones nacionales y autonómicas. ¿España no es nadie sin los jugadores catalanes? ¿Podría, por ejemplo, Cataluña ganar un mundial? ¿Dónde jugaría el Barça en una Cataluña independiente? Precisamente una vez constituida Croacia como país independiente llegó a la final de Barcelona 92’ y la perdió contra aquel maravillo ‘Dream Team’ de Jordan y compañía. Divac todavía se pregunta hoy en día que hubiese pasado si en vez de Croacia hubiesen jugado todos juntos como hacían con Yugoslavia.
Preguntas sin respuesta. Pero en cualquier caso esta es la historia de la relación de dos jugadores símbolos de su país, que se rompe por las banderas. Casillas y Xavi eran como Divac y Petrovic: rivales en la cancha, del mismo país, de zonas distintas y sobre los que nadie pensaba que podrían algún día odiarse y perjudicar a un deporte que ellos mimos habían colocado en lo más alto. Divac tendrá siempre la pena de no haberse reconciliado con su amigo, pero tendrá una todavía más grande que es convertir el deporte en una prótesis del brazo de la política. Nosotros tenemos la oportunidad ahora de no hacer lo mismo, de respetar las banderas de todos los colores pero no acuñarlas bajo ninguna camiseta ni bajo ningún estadio. No veo a Croacia como Cataluña porque los errores e incongruencias históricas me devorarían, pero me quedo con la cuestión de fondo y pensar que ocurriera algo así me revuelve las entrañas. Porque unidos somos mejores y como dijo el gran futbolista Bill Shankly que vio como su carrera se interrumpía por la Segunda Guerra Mundial: “El fútbol no es una cuestión de vida o muerte, es mucho más que eso”.
“No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate que puedes hacer tú por tu país”. Esta es probablemente la frase más famosa de John Fitzgerald Kennedy, un slogan con el que, el segundo presidente más joven de la historia de EEUU, hacía un llamamiento a que lo importante no es el “yo” sino el “nosotros” y que unidos, somos mejores. Dotado de un genial carisma, ‘Jack’ se convirtió en pocos años en un líder para los ciudadanos y pese vivir una presidencia repleta de los acontecimientos históricos más importantes de la segunda mitad del siglo XX: Muro de Berlín, Crisis de los misiles, Guerra de Vietnam, etc. Lo que más nos marca la memoria es precisamente su final.
Releyendo el párrafo anterior parece que estoy escribiendo la historia de Guardiola, pese a que el final Continuar leyendo
“Utilicemos el deporte como un factor de unión y reconciliación” decía un Nelson Mandela que basó toda la construcción de un país, precisamente en eso, en los lazos que crea el deporte entre los ciudadanos. Desgraciadamente las películas no suelen superar a las páginas, por lo que prefiero quedarme, con la obra de John Carlin “El factor humano”, que con el film: “Invictus”, película que está inspirada en este libro de autor Escocés graduado en Oxford, de madre española y sobretodo, de los pocos que han contado las verdades en suelo sudafricano. Fue precisamente ahí donde Carlin relata la historia de una afición dividida, capaz incluso de renegar e ir en contra de su propio equipo por el origen, raza o la ideología de sus propios jugadores. ¿Pero qué tiene que ver un libro sobre cómo el Rugbi influyó en la unión de Sudáfrica con nosotros?
Aunque parezca extraño, Sun Tzu ha sido uno de los pensadores que más influencia ha tenido en nuestra cultura occidental. Su obra “El arte de la Guerra” no solo ha sido inspiración de grandes generales como el propio Napoleón, sino que también se ha convertido en un manual de referencia en el mundo de la empresa, los negocios y en la vida diaria de muchos. En esta vida diaria en la que englobamos muchas aficiones y comportamientos, según las estadísticas del CIS el fútbol encabeza la lista de prioridades donde más del 54% de los españoles son aficionados a este deporte. Con esta aplastante estadística, propongo también en esta faceta de nuestra vida, releer al maestro chino, y que mejor ocasión que hacerlo durante una Eurocopa.
Cuenta la mitología que Zeus condenó a Atlas a la pesada tarea de sostener el mundo sobre sus hombros separando así, la tierra de los cielos. Ardua tarea la de un Atlas permanente estabilizando y soportando un peso tan inmenso como éste, gracias, eso sí, a su fuerza, sustento y disciplina. Estos valores son precisamente los que representa Guardiola, el Atlas del Barça de los últimos años, y es que si el mundo era un peso descomunal para el Titán mitológico, para Guardiola, el Barça, més que un club, no ha sido pieza ligera. Ahora que estamos viviendo los últimos días de Guardiola, los pilares del Barça comienzan a tambalearse porque Pep, solo aguanta este “mundo” con una mano, o peor aún, ya se ha cansado de aguantarlo.
25.000 cables y 600.000 remaches se postran a lo largo de los 1.970 metros de longitud del que es el puente más famoso del mundo. La única salida al Norte de la ciudad y la vía de acceso a una de los rincones más bonitos de la bahía de San Francisco, la pequeña ciudad de casas flotantes conocida como Sausalito. Pero el Golden Gate –o Puerta Dorada en honor al estrecho de Constantinopla- al margen de su historia y estampa visual, no deja de ser un elemento creado por el hombre, un puente. Una estructura artificial que permite salvar un obstáculo, para así, seguir dando continuidad al camino. Continuar leyendo
“Que yo recuerde, desde que tuve uso de razón, siempre quise ser un gángster” Así empezaba la que para muchos es la mejor película sobre la mafia que se ha rodado jamás. Con Tony Bennett entonando el famoso Rags to riches de fondo, un joven Ray Liotta se atrevía con esta manifestación de intenciones tan polémica.
Y es que hay algunos que tienen las cosas muy claras desde el principio, ¿virtud o error? Pregunta cuanto menos interesante, que el madridismo debe hacerse con Mourinho. Yo, personalmente nunca le he considerado “Uno de los nuestros” -me he hartado de decirlo en televisión en La Ronda, en las tertulias y sobretodo a la gente que te para por la calle, los bares y semáforos- porque como nos enseña esta película y la vida misma, cada uno tiene que saber cuál es su papel, su posición y lo más importante, su momento. Continuar leyendo
“Guardiola se va”. Esa fue la frase más escuchada el viernes en todas las redacciones del país, los Iphone echaban humo y algunos periodistas como yo dábamos el pésame -futbolístico- a amigos y compañeros de profesión. Precisamente el viernes cenando con Joan Maria Batlle, director adjunto del diario Sport, me decía, “Se va Pep, pero sigue Guardiola”, frase que poco después escupían las rotativas de este diario en su portada de la edición de sábado.
Verdaderamente, la noticia no fue la marcha de Guardiola sino su sustituto. Buena portada. ¿Hasta dónde llegará la sombra de Guardiola? Es importante que el barcelonismo se haga esa pregunta, a veces las sombras son hermosas como la del Flatiron Building cuando oscurece a Broadway por el este, pero otras veces son frías, inhóspitas, pero sobre todo, incómodas. Continuar leyendo
“Los amigos de Eddie Coyle”, así rezaba el título de la novela de culto que reinventó el género negro, conocida entre los más adeptos, como la primera en atreverse a mezclar la violencia extrema con la ironía de la comedia. Aunque la mayoría de nosotros hemos reconocido esta simbiosis a genios como, por ejemplo, Tarantino, donde los diálogos absurdos comparten banda sonora con los disparos, la vida nos enseña que siempre hubo uno antes, normalmente mejor que sus sucesores, no tanto por su obra, sino más por la originalidad de su idea. Aunque George Higgins autor de esta primera obra maestra y profesor de Stanford enseñara el camino de este género que alcanzó su culminación en el cine de estos últimos años, la memoria del hombre es selectiva, caprichosa, y reconoce la grandeza solo en función de un término: el éxito. Continuar leyendo